Teatro — el milagro cotidiano
Dedico este texto al gran hombre de teatro Aderbal Freire Filho, que amaba y conocía el teatro latinoamericano.
El Día del Teatro Latinoamericano es hoy. Y mañana. Y ayer. Y todos los días que lo precedieron y los que lo sucederán. El Día del Teatro Latinoamericano es una efeméride importante porque le recuerda a la sociedad nuestra especificidad, y a nosotros, nuestro oficio.
El mundo está dominado por estructuras económicas, ideológicas y tecnológicas que tienden a sustituir la palabra por la imagen, la presencia por la virtualidad, el cuerpo por la máquina, la razón por la mentira, el diálogo por el algoritmo. En esta realidad, el Teatro parece imposible.
Al fin y al cabo, Teatro es un cuerpo frente a otro cuerpo, dialogando por medio de elementos de lo sensible —imágenes, sonidos, símbolos, sensaciones— en busca de una comprensión que no se limita a la razón, pero que tampoco la excluye, en la medida en que no renuncia a la palabra.
Y, sin embargo, nunca fue tan deseable ni tan deseado. Como solo existe si los cuerpos de actores y espectadores están en un mismo espacio, es un antídoto contra un mundo que pretende reemplazar el encuentro por las máquinas. Por ser presencial, exige que lo virtual ceda por un momento su lugar a la presencia. Como necesita de la palabra común entre actor y espectador, impide que la imagen lo ocupe todo. Como solo existe si se establece el diálogo, devuelve lo irracional a su lugar, fuera del protagonismo. Como es el imperio del deseo y de lo imprevisible, ningún algoritmo puede determinarlo por completo.
El Teatro, como todo Arte, no tiene función, salvo su propio ejercicio arbitrario de juego con los elementos de lo sensible, consciente de la tradición, arraigado en la comunidad, causando innumerables consecuencias, pero en sí mismo inconsecuente. Su único compromiso es con la irresponsabilidad de quien sabe que, antes que nada, está jugando.
Su propia existencia es política, aunque la forma y los elementos del juego estén aparentemente desprovistos de esa intención. Hoy más que nunca, el teatro es, en sí mismo, una respuesta al autoritarismo y a las respuestas prefabricadas y mentirosas sobre qué es el Hombre y por qué está como está.
La ignorancia y el autoritarismo se ejercen hoy con orgullo y desvergüenza. El Teatro permanece humilde en su certeza de que nada sabe y de que no puede controlar aquello que es flujo, aquello que es vida. Los espacios teatrales son lugares sagrados donde los ciudadanos viven el rito del encuentro de su vida particular con la vida de la comunidad.
América Latina está tomada nuevamente por el fascismo. Y el Teatro, ahora como siempre, es el arma más poderosa contra él. Porque el Teatro es vida, el fascismo es muerte. Sí, todos moriremos. Pero la muerte solo reina del otro lado de la Estigia. De este lado, la Vida —y el Teatro— siempre vencerán.
Aimar Labaki es dramaturgo, director, traductor y ensayista brasileño.
Teatro – o milagre cotidiano
Dedico este texto ao grande homem de teatro Aderbal Freire Filho, que amava e conhecia o Teatro Latino Americano.
O dia do Teatro Latinoamericano é hoje. E amanhã. E ontem. E todos os que o antecederam e os que o sucederão. Dia do Teatro Latinoamericano é uma efeméride importante por lembrar à sociedade nossa especificidade – e a nós, nosso ofício.
O mundo é dominado por estruturas econômicas, ideológicas e tecnológicas que tendem a substituir a palavra pela imagem, a presença pela virtualidade, o corpo pela máquina, a razão pela mentira, o diálogo pelo algoritmo. Nessa realidade, o Teatro parece impossível.
Afinal, teatro é um corpo na frente de outro corpo, dialogando por meio de elementos do sensível – imagens, sons, símbolos, sensações – em busca de uma compreensão que não se limita à razão, mas não a exclui, na medida em que não abre mão da Palavra.
E, no entanto, nunca foi tão desejável nem tão desejado. Como só existe se os corpos dos atores e dos espectadores estiverem no mesmo espaço, é um antídoto contra um mundo que pretende substituir o encontro pelas máquinas. Por ser presencial, exige que o virtual ceda, por um momento, o seu lugar à presença. Como necessita da palavra compartilhada entre ator e espectador, impedeque a imagem ocupe tudo. Como só existe se o diálogo se estabelece, devolve o irracional a seu lugar fora do protagonismo. Como é o império do desejo e do imprevisível, nenhum algoritmo pode determiná-lo por completo.
Teatro, como toda Arte, não tem função, a não ser seu próprio exercício arbitrário de jogo com osmelementos do sensível - consciente da tradição, enraizado na comunidade, causando inúmerasmconsequências, mas em si inconsequente. Seu único compromisso é com a irresponsabilidade demquem se sabe estar antes de tudo a brincar.
Sua própria existência é política, mesmo que a forma e os elementos do jogo sejam aparentemente desprovidos dessa intenção. Hoje mais do que nunca, teatro é uma resposta em si ao autoritarismo e às respostas prontas e mentirosas sobre o que é o Homem e por que está como está.
A ignorância e o autoritarismo hoje são exercidos com orgulho e despudor. O Teatro permanece humilde em sua certeza de que nada sabe e de que não pode controlar aquilo que é fluxo, que é vida. Os espaços teatrais são lugares sagrados onde os cidadãos vivem o rito do encontro de sua vida particular com a vida da comunidade.
A América Latina está tomada novamente pelo Fascismo. E o Teatro agora, como sempre, é a arma mais poderosa contra ele. Porque Teatro é vida, Fascismo é morte. Sim, todos vamos morrer. Mas a morte só reina do outro lado do Estige. Deste lado, a Vida — e o Teatro — vencerão sempre.
Aimar Labaki é dramaturgo, diretor, tradutor e ensaísta brasileiro.
